viernes, 25 de marzo de 2011

Lacra social en el sur del continente africano, casada a cambio de tres vacas.

Algunos pueblos de Suráfrica recuperan una tradición que fuerza a adolescentes a contraer matrimonio con hombres mayores.

PALMERTON (SURÁFRICA)
Nolizwi Sinama tenía 14 años cuando su vida dio un vuelco. A cambio de tres vacas, sus padres la casaron a la fuerza con un hombre de 42 años, en base a una antigua costumbre que ha vuelto a ser puesta en vigor en algunas zonas rurales de Suráfrica.
«Todo ocurrió muy rápido», explica con nerviosismo la adolescente que, tras tres años de pesadilla, ha hallado refugio en un hogar social en Palmerton, en el corazón de la provincia pobre de Eastern Cape, en el sur del país. «Un día, yo era una colegiala normal y, al día siguiente, me encontré en una familia desconocida y un hombre mayor que me forzaba cada noche a acostarme con él», afirma.
«Yo no podía volver a casa; mi abuela me había dicho que no volviera jamás: habían vendido las vacas y gastado el dinero», continúa la joven, conteniendo las lágrimas. Otros cientos de menores han vivido la misma tragedia en Eastern Cape, en aplicación de una tradición denominada ukuthwalwa (literalmente, «ser llevado», en lengua xhosa), según la policía.
Calabazas
Esta costumbre, prácticamente extinguida durante años, prevé que un hombre al que le hayan dado calabazas pueda llevarse a una mujer para obligarla a casarse con él. En el pasado, solo se aplicaba a mujeres mayores de edad.
Pero hoy en día, algunos hombres utilizan esta tradición como pretexto para raptar a adolescentes que están aún a las puertas de la pubertad, con gran perjuicio para los servicios sociales y los defensores de las culturas tradicionales.
Actualmente, 19 víctimas de matrimonios forzosos viven en el hogar de Palmerton después de haber sido salvadas por la policía en una campaña que tiene como finalidad acabar con esta práctica. La mayoría tienen hijos nacidos de estas uniones.
«Me violó en nuestra primera noche juntos. Y cada día me forzaba a dormir con él y yo cada día me resistía, pero él era más fuerte», relata Nolizwi, madre de un niño de 2 años. «Quiero a mi hijo y quiero criarlo bien para que se convierta en un hombre bueno», subraya la adolescente.
 
La campaña de salvación se ha llevado a cabo en los pueblos alrededor de Lusikisiki por la capitana de policía Nomana Adonis, para quien el fenómeno es «reciente». «Creemos que quedan cientos de jóvenes a las que no hemos podido salvar», se lamenta. «Hemos encontrado adolescentes casadas a los 13 años con hombres mayores. Hay muchas posibilidades de que hayan contraído enfermedades como el sida», añade.
Unos cuantos maridos, algunos de 60 años, y padres han sido detenidos. «En la mayoría de los casos, los maridos han sido inculpados por secuestro y violación. Pero por ahora no hemos obtenido ninguna condena», explica Adonis.
La costumbre del ukuthwalwa ha sido totalmente desvirtuada, critica Peter Mtuze, universitario retirado especializado en lenguas africanas. Según él, antiguamente los hombres se llevaban a mujeres en edad de casarse. «La novia era apartada hasta que aceptara la demanda de matrimonio. Y esto no ocurría hasta después de que unos mensajeros fueran a ver a los padres para discutir la lobola (dote)», dice. «Hoy las niñas son literalmente vendidas al mejor postor. Esto es pedofilia; no tiene nada de cultural», se indigna.
Las autoridades se rebelan también contra esta práctica. «Ha hecho retroceder nuestro país. Haremos todo lo posible para acabar con ella y proteger a nuestras hijas», dice Phearane Moreroa, de la Comisión de Derechos Humanos, un organismo gubernamental.
 

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