El embarazo en esta etapa de la vida es visto por muchos como un proceso inoportuno, que conlleva a una pobre perspectiva de futuro.
El tema amerita atención, pues estas adolescentes tienen mayor riesgo de interrumpir su educación, convertirse en cabeza de familia y, peor aún, ser madres de varios hijos a edad temprana
No son los únicos riesgos que enfrentan. También están los asociados con su salud, por factores biológicos intrínsecos a esta condición:
Estado nutricional: los requerimientos nutricionales de una adolescente son distintos y mayores si no ha terminado su crecimiento. Cabe anotar que a menor edad, menor ganancia de peso en el embarazo. Las mujeres que suben menos de 4,5 kilos antes de la semana 24 tienen más riesgo de que sus bebés nazcan con bajo peso o pequeños para su edad gestacional.
Infecciones: está demostrado que las adolescentes embarazadas tienen hasta un 39 por ciento más de probabilidades de presentar infecciones de transmisión sexual (cuando se trata de sida, el riesgo es cuatro veces mayor al de una adulta). Lo mismo sucede con la hepatitis B.
Tensión arterial: la hipertensión inducida por el embarazo es el doble comparada con mujeres de 30 a 40 años; la eclampsia (hipertensión más convulsiones) es cinco veces más frecuente que en mayores de 20 años.
Parto: las menores de 19 años tienen un riesgo mayor de presentar meconio (deposición del bebé dentro del útero) y sufrimiento fetal agudo.
Antes de tiempo: el riesgo de parto pretérmino es del 14 por ciento, comparado con un 6 por ciento de las mujeres entre 25 y 29 años (si la adolescente está cursando su segundo embarazo el riesgo aumenta a un 30 por ciento).
Síndrome de Down: la presencia de este mal es de 1 por 1.200 adolescentes, en comparación con las mujeres de 20 a 24 años, que es de 1 por 1.400. También tienen una mayor posibilidad de que sus bebés padezcan de síndrome de Turner (trastorno genético).
Por su edad, requieren atención especial.
Revisiones de estudios sobre el tema han permitido determinar que lo que en realidad muestra un impacto en el resultado materno perinatal es el estado nutricional de la madre antes del embarazo y el acceso al control prenatal.
Este tipo de control no puede ser el mismo que se hace con gestantes adultas. Lo ideal es que estas niñas tengan acceso a un proceso integral, a través de unidades especializadas en la atención de la madre adolescente.
En él interviene un equipo interdisciplinario encabezado por un ginecólogo infanto juvenil y del que hacen parte las áreas de enfermería, nutrición, salud mental, trabajo social y odontología.
El equipo determina los riesgos, al establecer estado nutricional, condiciones del entorno familiar y social y detección de enfermedades.
El objetivo es hacer seguimiento a cada caso, tras el nacimiento del bebé, no solo para garantizar la buena salud física y mental de madre e hijo, sino para prevenir un segundo embarazo.




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